«O le hago los exámenes médicos o le doy comida», sentencia visiblemente afligido Juan Carlos Mato, al referirse a la salud de su hija de un año. 


Vive en una humilde vivienda con paredes, techo de zing y piso de tierra, que comparte con otras siete personas, en un sector popular de Palo Negro, en el estado Aragua. 


No tiene trabajo fijo. «Lo poco que gano es para comer y ayudar a mi hermano que está igual de necesitado». 


El joven trabaja los fines de semana en una frutería de la zona a cambio de guayabas y otras frutas. «Me pagan con productos como tomates, cebollas y otras cosas». 


Según la más reciente encuesta del Observatorio Venezolano de Seguridad Alimentaria y Nutrición (OVSAN) el 50 % de los aragüeños hace trueque y un 59 % pide prestado alimentos o dinero. 


Asegura que la devaluacion y la dolarizacion los hizo cada vez más pobres. «Cómo le hago a mi niña los exámenes que necesita si solo uno cuesta 15 dólares». 


El trueque se ha convertido en la «salvación» de quienes viven en esta zona humilde de Aragua. «Si compro queso no me alcanza para la pasta, lo que hago es que cambio con un vecino algún producto por arroz». 


Yusmari Arana, pareja de Juan Carlos, agrega que la llamada bolsa / caja CLAP tarda en llegar hasta 6 meses, por lo que no dependen de ella. 


Indica que cocina en una pequeña hornilla eléctrica. «Una bombona de gas cuesta hasta 7 dólares, o compramos la bombona o comemos», sentencia. 


OVSAN advierte en su estudio, realizado entre finales de 2020 y febrero de este año, que el 50 % de los habitantes del referido estado central del país aplican estrategias de supervivencia. 


Arana asegura que pese a la precaria situación en la que viven no reciben ayuda de ningún tipo. «A veces lo único que comemos es arepa pelada, sin nada», remata.