La encuesta a los hogares del Observatorio Venezolano de Seguridad Alimentaria y Nutrición revela que ocho de cada diez hogares reciben bolsas CLAP, y les duran menos de dos semanas. De esos hogares que reciben la bolsa de comida, el 73% reporta que la asistencia alimentaria llega cada dos meses, o más. Cuando vemos que definitivamente los venezolanos requieren necesariamente de la bolsa CLAP para complementar su alimentación, y que ésta no llega con la misma periodicidad con la que se acaba, se puede ver que la población más vulnerable no está llegando a las cuotas calóricas que necesita toda persona. 

Por eso, no debe extrañar que cuando se da esta situación, hay un 90% de la población que debe recurrir a estrategias sobrevivencia, ya sea reversibles, irreversibles, o que agotan los medios de vida. Estas estrategias indican en qué nivel de inseguridad alimentaria se está: las estrategias reversibles, que incluyen dejar de invertir en salud y educación, las hace quienes se encuentran en la seguridad alimentaria marginal (69,1%). Las estrategias irreversibles —como vender un carro, un terreno o una vivienda— las realiza quienes están en la inseguridad alimentaria moderada (17,3% de la población). Por último, las estrategias de emergencia —en las que se agotan los medios de vida y se aceptan trabajos de alto riesgo—, son realizadas por aquellas personas que se encuentran en la inseguridad alimentaria severa (4,3%). Estos números sólo dejan a un 9% de la población que son los que no tienen que hacer ningún tipo de sacrificio en su día a día para lograr alimentarse.

No es de extrañar entonces la vinculación del 80% de hogares que reciben las bolsas CLAP, las cuales duran dos semanas, y el 90,7% de la población que debe hacer algún tipo de sacrificio en su vida para poder comer. Este dato nos dice que incluso si alguien necesita la asistencia alimentaria de una bolsa CLAP, puede que no la esté recibiendo. Y que también las CLAP, al tener una frecuencia en el 73% de los hogares que la reciben de una vez cada dos meses, es un mecanismo que se queda muy corto a la hora de permitir que los hogares venezolanos no pasen hambre.

Así, en algunos hogares, las CLAP resultan suficientes como para no tener que recurrir a métodos irreversibles de sobrevivencia, y sencillamente mantener un estatus de seguridad alimentaria marginal. Sin embargo, dada la poca frecuencia de entrega de las CLAP, muchos hogares venezolanos tienen que emplear muchas medidas para lograr comer.

Tomando en cuenta la diversidad de los hogares venezolanos, no es difícil entender que las CLAP se quedan decididamente cortas a la hora de asistir la alimentación de los venezolanos que más ayuda necesitan.

Es imperativo entonces mejorar y diversificar la forma en que se ayuda a los hogares a cubrir sus necesidades de alimentación. No sólo se trata de llevar alimentos a las casas. Los comedores escolares son sumamente útiles, porque permiten que los niños se alimenten y así los padres no tienen que sacrificar sus comidas en pro de los hijos. Los comedores solidarios deben ser relanzados también. Así, se podrá brindar ayuda los venezolanos más vulnerables en una mayor variedad de situaciones de sus vidas.