Una de las dimensiones de la seguridad alimentaria es la “utilización biológica asociada con los servicios básicos”. Esto quiere decir que para que una comida alimente debidamente, debe ser cocinada adecuadamente (servicios de luz y gas) y lavada (agua). Pero la situación en Venezuela es sumamente precaria en estos ámbitos, y menos del 25% de la población tiene un suministro constante de luz, agua y gas, según la encuesta a los hogares del Observatorio Venezolano de Seguridad Alimentaria y Nutrición.

Como si fuera poco el tema de la dificultad para acceder a los alimentos debido a que las personas no disponen de ingresos suficientes, a esa fuente de inseguridad alimentaria hay que sumarle la de la falta de suministros básicos de forma regular.

Hay que recordar que la cocción de los alimentos no sólo sirve para aprovechar mejor los nutrientes de los alimentos. También permite la erradicación de bacterias nocivas para la salud que pueden encontrarse en productos como el pollo o el cerdo principalmente, pero también pueden hallarse en la carne de res.

Además, las personas que no reciben el suministro de agua de forma regular tienen otra dificultad añadida a sus vidas: la de tener que buscar agua potable para consumir. Los cortes en la electricidad dificultan la conservación de alimentos mediante la congelación. Así, poder planificar una compra se dificulta, porque incluso en los raros casos en los que se dispone del dinero para hacer una compra para varias semanas, es altamente desaconsejable debido a los cortes de luz que pueden provocar la descomposición de los alimentos.

 La falta de los suministros además producen efectos nocivos contra el bienestar de la población, más allá de la seguridad alimentaria. Por ejemplo, aires acondicionados en las zonas más calurosas de Venezuela. O equipos de trabajo dañados por los cortes de luz constantes.

 La falta de inversión por parte del régimen es directamente atribuible a la situación que hoy viven los venezolanos, así como también la corrupción en la adjudicación de contratos y la dejadez ante el deterioro evidente de las infraestructuras críticas de la nación.

 Los suministros básicos son una faceta de la vida en Venezuela que debe mejorar y mucho para que se vuelva a andar por la vía del desarrollo.