El ser humano ha buscado darle significado especial a lo que come. Incluso cuando vivía en las Cuevas de Altamira (hoy en día Cantabria, España) se dejaron vestigios de lo que se comía. Quedaron pictogramas que muestran con qué se nutría a diario, y también los utensilios; especialmente vasijas y otras herramientas. Sabemos —por la historia— de los banquetes y grandes momentos de la comida que han ocurrido.  En tiempos prehistóricos, la mayoría de las veces se trató de alimentos sin cocinar. Después, con la aparición del fuego, se comenzaron a preparar alimentos. Pasó un largo tiempo antes de que se empezaran a usar los cubiertos; primero fueron muy rudimentarios, hasta que se volvieron instrumentos preciosos para alimentarse apropiadamente. La civilización, como gran proceso de educación y demostración de los adelantos en la historia, enseñó el uso de los cubiertos como parte de la higiene y la comodidad.  Los siglos XX y XXI, de la humanidad alcanzan un nivel de confort no imaginado. Ya el uso de los cubiertos se empezaba a generalizar a comienzos del XIX. Luego se logra que en todo el planeta se usen los preciados cubiertos para comer mejor. Las películas de época, los libros que relatan la historia antigua, narraciones y otros hechos ponen en conocimiento de nosotros, contemporáneos, los procesos que debieron ocurrir para que hoy degustemos toda clase de platillos deliciosos y especiales en nuestros acontecimientos sociales. Son reconocidos los grandes banquetes de Grecia y Roma, se ven sitios especiales para que se pudiera degustar todo lo que existía. Sin duda a los humanos, siempre nos ha gustado comer y beber en abundancia, especialmente, cuando hay algo que celebrar: victorias, aniversarios, premios, cumpleaños y en algunos casos hasta la muerte. El momento mágico de sentarse a la mesa y compartir con los que amamos o, en nombre de quienes nos dejaron, no debería ser trastocado por nada. Es un momento fundamental que ha sido: celebrado, organizado y conservado dada su trascendencia; forma parte de la vida cotidiana y especialmente de su civilización y cultura. No es en vano que se le otorga la importancia que hoy tiene.

Sin embargo en Venezuela (apodada la “Tierra de Gracia” por los primeros excursionistas españoles) ocurren hechos insólitos. Entre estos encontramos que existen personajes que no permiten que algunos detenidos usen los cubiertos para comer, por temor a que fabriquen lo que en el lenguaje carcelario se denomina como “chuzo”. Hay cubiertos de plástico que permitirían comer con  dignidad a los presos. Sin embargo, la autoridad carcelaria no lo permite. Su obsesión es tal, que los mantienen como si fueran bestias indomables. Es decir, reducen su humanidad. Lo que sucede es que ésto no ocurre esto con los privados de libertad. No son presos, se trata de la gente que cruza la frontera y que luego son puestos en cuarentena a la que tratan de esta forma, como si fueran delincuentes. Éste trato significa una vulneración a los derechos humanos, porque implica tratar a la persona como si fuese algo inferior a un humano.