La complejidad de procesos y actores que entran en juego para garantizar la seguridad alimentaria es muy alta. Cómo ejemplo de ello, tomemos en consideración la definición de sistema alimentario que nos da la FAO a través de su informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo. Protegerse frente a la desaceleración y el debilitamiento de la economía”. En el glosario de este documento se especifica que “los sistemas alimentarios abarcan toda la gama de actores y sus actividades interrelacionadas relativas a la producción, concentración, la elaboración, distribución, consumo y eliminación de los productos alimenticios. Los sistemas alimentarios comprenden todos los productos que proceden de la agricultura y ganadería, la actividad forestal, la pesca y la acuicultura, así como los entornos económicos, sociales y naturales en los que se integran estos sistemas de producción”.

Como se puede ver, es una definición sumamente amplia. Los sistemas alimentarios dentro de sí agrupan todos los sectores tradicionales de la economía (extracción, industrias, y comercios y prestación de servicios). Las materias primas requieren de un transporte para pasar por los diferentes sectores de la economía, por lo que se vuelve necesario un esfuerzo logístico que no es menor. Además, los sectores cuaternarios y quinarios (investigacón —cuaternario— e información, ONGs y servicios básicos —quinario—) también hacen vida dentro del sistema alimentario.

Se trata de una entidad que tiene muchos puntos de contacto con la economía, y que por ello es susceptible a los golpes o sacudidas que pueden aquejar los distintos sectores que hacen vida en él, y que luego puede tener un efecto multiplicador dentro del propio sistema alimentario. Como seguramente el aporte al PIB de un sistema alimentario robusto no es despreciable, los beneficios de cuidarlo y fortalecerlo tiene un beneficio doble: protección de la seguridad ailmentaria, y mejoras económicas para el país. Además, la mejora económica también conlleva el poder acceder a alimentos, ya que hay el potencial de que se generen más empleos y que aumente el poder adquisitivo de quien más lo necesita.

¿Cómo dar un empujón al sistema alimentario venezolano para que sea eficiente y efectivo a la hora de garantizar el derecho a una alimentación digna? Se puede empezar por dar créditos a los agricultores y ganaderos, ya que el sector se encuentra en condiciones sub-óptimas. Al mismo tiempo, debería haber un programa de transferencias para que las personas puedan acceder a los alimentos en una primera fase.

El suministro de repuestos y de gasolina para los transportistas debe ser garantizado. Con todo ello, ya se puede empezar a mover esa rueda que parece paralizada en estos momentos. Y luego, también hay que aprovechar el empujón para que se puedan tomar medidas de diversificación de los alimentos disponibles. Por ejemplo, en Venezuela había mucho consumo de carnes. Había un desbalance entre el consumo de carne y lo que se consumía de pescado, teniendo además una amplia cantidad de kilómetros de costa, y una cantidad importante de ríos. Las importaciones de otros alimentos que no se dan natural o fácilmente en Venezuela también contribuirán a robustecer el sistema alimentario y a diversificar la dieta del venezolano.

Por último, las alianzas público-privadas podrían y deberían tener cabida, ya que tanto el sector público y el sector privado intervienen —en mayor o menor medida— en cada eslabón de la cadena del sistema alimentario.