Definir la ética a partir de las convenciones más corrientes resulta sencillo: ‘’Refiere al conjunto de normas y principios que adulta y conscientemente hemos seleccionado para guiar y orientar nuestra vida cotidiana.” Mientras que el concepto de libertad no es nada fácil de conceptualizar, y menos aún en la vida diaria. Tropezamos abiertamente con conceptos de filosofía relativos a la Libertad, en su más amplio sentido. Para algunos la libertad implica la consciencia del ser, y su manejo en el entorno; mientras que, otros, por el contrario, piensan que refiere al hacer. Es decir, en poder “hacer lo que nos parezca o nos de la gana’. Nos referimos, concretamente, al “medagalanerismo” como forma de actuar. Sin embargo, desde tiempos remotos conocemos el dicho: “mi libertad termina, donde empieza la tuya”. Entonces, deberemos decir que, “trata de la consciencia del ser y el hacer,” y probablemente tengamos que incorporar, a corto plazo, la consciencia del tener.

Podemos darnos cuenta de que ética y libertad están absolutamente ligadas y vinculadas. No es posible concebir una sin la otra: ¿cómo ir hacía la libertad sin tener normas y reglas que nos encaminen hacia ella? ¿Cómo desarrollar un espíritu de libertad del ser sin haber asumido esa consciencia del mismo ser? La pregunta que surge entonces, ¿cómo llegar a ser? No se llega a la plenitud del ser sino mediante algunas circunstancias y supliendo necesidades fundamentales, como auto autoestima, el autoconcepto y autorrespeto.  Esto en el plano psicológico perceptual, mientras que, en el plano físico, se logrará llegar al ser mediante una nutrición adecuada. Nótese, escribo nutrición adecuada. Esto implica la educación nutricional del ser en el plano emocional, así como en el espiritual y físico. Lo que se señala con insistencia es que la plenitud del ser es fundamental para el ejercicio de la ética y la libertad. No obstante, todos esos elementos se confunden unos con otros, sus procesos se implican constantemente, pretender separarlos es arbitrario y bastante negativo.

Los tres conceptos de ética, libertad y educación nutricional, deben ir en un mismo sentido para el logro de una realidad beneficiosa para el ciudadano democrático; si existe un ser, consciente absolutamente de su posibilidad en el hacer y el tener, estaremos frente a un individuo capaz de desempeñarse en los mejores y más necesarios campos. La desnutrición física y espiritual, pone al ciudadano en condición de minusvalía para tareas y objetivos en la vida democrática. Sin embargo, hay que pedir a nuestros ciudadanos mal nutridos, en todos los sentidos, que se incorporen a la vida de la ciudad como si estuviéramos en el mejor de los mundos.