En tiempo difíciles como los actuales, escribir sobre ética y responsabilidad alimentaria es casi un atrevimiento. Estamos en uno de los momentos más difíciles del planeta y de la humanidad. Sí que habrá que estar pendientes de la responsabilidad social alimentaria y su vinculación con la ética. En ese sentido, sí estamos en una situación de crisis.

Venezuela transita uno de los períodos más oscuros de su historia, desde el punto de vista de los procesos que son vitales y necesarios para lograr la posibilidad de lograr la seguridad alimentaria. ¿A qué nos referimos? Principalmente a dos problemas (entre muchos otros) que están implicados en la problemática global de la seguridad alimentaria, que supone la posibilidad de tener los recursos a la mano. Resulta imprescindible, entonces, el transporte del campo a la ciudad. ¿Cómo hacer llegar los alimentos a las ciudades si hay un severo problema con la existencia y disponibilidad de la gasolina? Como si esto fuera poco, ocurre una intervención de sectores depauperados, entre el ejército, las policías y algunos funcionarios en confluencia con un sector que se ha dedicado a varios tipos de delincuencia, entre los que se encuentra, “cobrar vacuna”. Todo con el objetivo de subsistir, poniendo al resto de la población en ascuas e impedir la llegada de los alimentos a precios supuestamente solidarios. ¿Será que eso existe, todavía? (Por supuesto, esto es referido a Venezuela).

La responsabilidad social implica la respuesta de los diferentes sectores de la sociedad comprometidos con su acción, para lograr que se provea a todos aquellos necesitados: nos referimos, desde los productores del campo, campesinos y agricultores, distribuidores, transportistas, empresarios y el Estado, como principal ente regulador de todos los procesos mencionados. Esto hasta llegar a manos de los ciudadanos consumidores.

¿Hay una acción anti ética y/o inmoral en estos procesos que estamos describiendo someramente? En efecto, existe una normativa ética que refiere a la reacción que puede tener el sector más vulnerable, ante la escasez.  Esto es complejo en mayor grado todavía. Si entendemos que el Estado tiene la obligación de surtir alimentos a la población, se han empeñado en esto, el socialismo del siglo XXI, expropiando, manipulando y mal utilizando las posibilidades del país, hasta conducirlo a la ruina en todas las esferas.

Pero, particularmente inquietante, es lo relativo a la hiperinflación que afecta a todos los ciudadanos. Muchos ciudadanos se sienten atropellados. Lo que conduce a una enorme cantidad de protestas a lo largo y ancho del país, que superan cada mes, la cantidad del mes anterior. Hay que ver Observatorio Venezolano de Conflictos para precisar el número de protestas. También se puede notar la gravedad de la situación al consultar la página del Observatorio Venezolano de la Violencia. No menos impactante resultan los datos aportados tanto por ENCOVI, como por el Observatorio Venezolano de la Salud. (Disponibles en sus páginas web).

Concluimos señalando que este momento crítico deberá ser superado, para de una vez por todas, permitir al sector privado desempeñar su rol con eficacia y tranquilidad.