Cuando se habla de política, la tendencia es a confundirla con lo que se llama “la real política”. Interesante diferenciar la política, “ciencia de lo posible”, como la denomina, Karl Deutsch, de una política pública. Es decir: “conjunto de normas, que sirve de guía y orientación sobre determinados aspectos, para que los interesados puedan actuar con efectividad” El régimen de Venezuela no divulga claramente, cuales son las orientaciones y guías que deben servir de apoyo a los diferentes sectores.

Existen planes y leyes que no son suficientemente explicados, difundidos, publicitados y debatidos en algunas materias. Se sabe, por ejemplo, que buscan comunicacionalmente lo que denominan “hegemonía comunicacional”. Nunca ha sido claro el significado de esa orientación. No aparecen las mencionadas orientaciones y guías escritas, publicadas ni divulgadas por ninguna parte.


Al observar los resultados, se puede notar claramente que se trata del intento de destrucción de la industria de la comunicación privada. Existe el temor constante de que, los pocos medios independientes que quedan, desaparezcan o se plieguen 100% a la orientación gubernamental para transformarse en propaganda política.


Los primeros 10 años del Gobierno de Hugo Chávez se caracterizaron porque expropió numerosos hatos, haciendas y fincas altamente productivas. Se aprobó una Ley de Tierras en el año 2001. La excusa utilizada en aquellos tiempos fue, que eran tierras “ociosas.” Se comprobó luego que fue una explicación falsa. Se han destruido muchas cosas, que luego no se pueden reconstruir .

Por fortuna para la historia del arte y la cultura — por ejemplo, en el caso del proceso ruso—, Lenin conservó los tesoros que estaban en el Hermitage, el gran museo de aquel país. La historia es otra, en el plano económico, en este tipo de procesos, que por lo general ha sido un desastre para los países que adoptan el modelo. Ocurre que, posteriormente, a la aplicación de esas medidas, se produce una hambruna terrible, se descuida el campo y, poco a poco, todo va desapareciendo, creando condiciones muy poco favorables para la gente.


Es conocido que para 1998, en Venezuela, un 50% de las fincas o haciendas, se podían considerar de tamaño mediano, mientras se consideró como haciendas latifundistas un 18%, según investigaciones del Cendes. UCV.


Sin embargo, el llamado Proceso Bolivariano introdujo un “Modelo Agrario Bolivariano”, que fue presentado como un proceso de democratización de la propiedad rural. Según investigadores del tema, no se compagina la realidad con el diagnóstico existente, que refiere al campo como productivo. Exhiben el gran logro: una “gran revolución en la provincia” con motivo de la expropiación de los latifundios. Los hechos desdicen esa situación, especialmente, al escuchar las innumerables quejas al respecto. Puede notarse, con frecuencia, el desabastecimiento de los productos agrícolas, el costo exageradamente alto de los mismos; el resultado de la encuesta de inseguridad alimentaria (donde se observa la disminución de la ingesta de vegetales y verduras), la protesta constante tanto de los consumidores como de los transportistas, las dificultades para lograr trasladar los insumos hasta los centros urbanos. Debe acotarse que en Venezuela en 1960, se produjo una Reforma Agraria, y se respetó la propiedad privada. Los actores políticos desde 1998 en adelante no lo han aceptado.


En oportunidades se ha expropiado, no solo las fincas y haciendas, sino también empresas de insumos, que dotaban a los empresarios del campo de abonos, semillas, pesticidas, además de los numerosos instrumentos de trabajo y sus repuestos, que deben renovarse y hacerse el mantenimiento para el buen funcionamiento de lo que implica la agroindustria.


Desde el año 2013 se empieza a observar una progresiva escasez como resultado de esas políticas, qué según el Profesor José E. Rodríguez Rojas, en publicación de los Cuadernos del Cendes, señala que “hay una imitación de los procedimientos de colectivización de la época estalinista”.

No ha importado el fracaso de aquellos procesos para insistir en traer a nuestro país, el modelo fracasado del koljós soviético. En nuestro caso, además de todo lo señalado, aparece el problema de la gasolina y el gasoil, que afecta a todo el sector agroindustrial, para la necesaria movilización por el país. Las consecuencias, son conocidas y padecidas por todos. Ante esta terrible crisis socioeconómica, es imprescindible darse cuenta de la trascendencia de la buena alimentación para el desarrollo del humano. Se ha repetido mucho, este concepto, pero parece, no ha sido aceptado en su dramática dimensión. Tampoco con la urgencia que requiere la crisis alimentaria.

Gloria Cuenca.