Irma sirvió la comida a su hermano que la visitaba en la nueva casa. Esperó a que terminaran los alimentos y le dijo con emoción: “Todo lo que estaba en el plato lo he sembrado yo misma en el patio”.

No es poca cosa su orgullo. Irma Peña tiene 48 años de edad, es maestra de preescolar, madre soltera y abuela. Después de vivir 25 años en Petare, uno de los barrios más grandes que bordean a Caracas, un día de 2018 decidió tomar sus pertenencias y mudarse al centro occidente del país.

Nacida en las montañas andinas, vivió una primera migración cuando se fue del campo a Caracas, para estudiar gracias al apoyo de una tía. En esa ciudad se graduó de maestra prescolar, pero con el tiempo se le fue desvaneciendo el sueño de tener vivienda propia.

Luego de más de dos décadas de habitar casas alquiladas, terminó con el empleo que tenía para buscar nuevamente sus raíces: un pedazo de tierra para poder sembrar.

Irma Peña tiene 48 años de edad, es maestra de preescolar, madre soltera y abuela. Foto: Abraham Morles / ©FAOVE

Utilizó el dinero que le pagaron, para comprarse un terreno de 300 metros cuadrados en la zona periurbana de Barquisimeto, la capital del estado Lara. Escogió esa ciudad porque allí vive uno de sus hermanos.

La maestra y su hija improvisaron una casa con latas y maderas, y la transformaron en su hogar. Ellas son una de las 150 familias que conforman la comunidad 5 de Octubre.

“Vine a Barquisimeto –relata Irma– en busca de una casa. Hoy tengo más que eso. Tengo a mi familia cerca. Mi hija y mi nieta me ayudan con las plantas, y ya hemos comido muchas cosas que sembramos nosotras mismas”.

Irma Peña, productora

Irma formó parte del grupo de familias beneficiarias del proyecto de apoyo a la agricultura familiar que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) implementó en el estado Lara, con el apoyo financiero de la dirección general de Protección Civil y Ayuda Humanitaria de la Unión Europea (ECHO).

El proyecto, que trabaja con 387 familias ese estado venezolano, promueve la resiliencia en las personas que luchan por satisfacer sus necesidades. FAO y ECHO proporcionan a los beneficiarios, insumos agrícolas como semillas y herramientas, y asistencia técnica. Con ellos se trabaja para apoyarlos en el mejoramiento de sus medios de vida y la seguridad alimentaria y nutricional.

Su vida cambió gracias a la agricultura familiar. Foto: Abraham Morles / ©FAOVE

Irma, como otros de sus vecinos, recibió semillas, herramientas y apoyo técnico. En su patio ha cosechado: berenjenas, pepinos, cebollín, frijoles, pimentón y tomates, con los que alimentan las tres mujeres.

“Solo con esa ayuda y las capacitaciones que hemos recibido, logré potenciar mi jardín medicinal y mis cultivos de hortalizas”, asegura Irma.

Su vida cambió gracias a la agricultura familiar. Sigue ejerciendo como maestra y en los salones de clase comparte su experiencia con alumnos y colegas. “Les cuento sobre la importancia de los alimentos y lo fácil que es producirlos, si se le pone corazón”, dice.

Irma Peña es un ejemplo de cómo los retos se pueden transformar en oportunidades, al hacer el viaje a la inversa para reencontrarse con la tierra y la producción de alimentos, en un país cuya principal actividad económica es la explotación petróleo y sus derivados.

La maestra Irma es hoy una mujer que, luego de enfrentar su situación laboral logró mejorar la seguridad alimentaria de su familia, produciendo sus propios alimentos. Dejó atrás la incertidumbre que le producía la ciudad para abrazar esperanzas en el hogar que siembra a las afueras de la ciudad de Barquisimeto. Como ella misma relata: “Hoy soy maestra, madre y abuela, pero también soy productora”.