Cuando se habla de la seguridad alimentaria de un país, se habla de una cuestión que tiene muchos procesos y pasos. Desde la producción, la distribución, el almacenamiento, los puntos de ventas y la capacidad que tienen los ciudadanos de poder comprar los alimentos. En este contexto vale introducir el concepto de soberanía que puede tener, o no, un país para garantizar el derecho a la alimentación digna a sus ciudadanos.

Al entender que dentro de la seguridad alimentaria cabe hablar de soberanía, se debe pasar entonces a definir el concepto de Soberanía Alimentaria. Al evaluar si un país tiene Soberanía Alimentaria se debería plantear la pregunta ¿Tiene el pais en cuestión la capacidad garantizar la seguridad alimentaria de su población sin depender de otra nación? ¿Tiene otro país la capacidad de cometer actos de injerencia dado que el país en cuestión tiene una dependencia en materia de seguridad alimentaria de dicho país? Si a la primera pregunta respondemos que sí, y la segunda pregunta que no, se puede decir entonces que hay Soberanía Alimentaria.

Con ésto no se quiere decir que hay que producir el 100% de lo que se consume en el país. No todos los alimentos se dan pueden producirse en absolutamente todas las latitudes, o al menos con la misma facilidad. Se habla de una independencia de capacidades reales para garantizar el derecho a una alimentación digna de los ciudadanos, así como también la capacidad de diseñar políticas alimentarias sustentables con independencia de otros intereses que no sean servir a sus ciudadanos.

Las prácticas de “dumping” comercial internacional, donde una compañía que exporta alimentos a otro país los vende a precio muy por debajo del costo de producción pone en alto riesgo de quedar fuera de competencia a los pequeños agricultures. A largo plazo, esto puede suponer un riesgo para la soberanía alimentaria. La variedad de producto tiende a desaparecer cuando desaparecen los pequeños agricultores, porque las grandes compañías tienden a favorecer prácticas de producción masivas, pero enfocadas a un solo producto. Esto no sólo atenta contra el poder de decisión de los ciudadanos para decidir qué quieren comprar y poder tener una dieta variada. También contribuye con el cambio climático —ya que se talan grandes extesiones de terrenos para cultivar, lo cual daña la biodiversidad y la capacidad de convertir el dióxido de carbono en oxígeno—.

Hay que señalar que la FAO también recoge una definición de Soberanía Alimentaria que se basa no tanto en la capacidad real de garantizar el derecho a la alimentación de los ciudadanos, sino en el “derecho que tienen los pueblos para definir sus estrategias y políticas sustentables de producción, distribución y consumo que garanticen el derecho a la alimentación a toda su población”.  Es un matiz que puede causar alguna confusión. Por un lado, tener la capacidad de satisfacer el derecho a la alimentación es tener Soberanía Alimentaria. El derecho es algo que siempre se tiene, por lo que todos los Estados y los pueblos del mundo tienen Soberanía Alimentaria, aunque el Estado que está en la obligación de garantizar el derecho a la alimentación no haga valer esa Soberanía Alimentaria. Poder diseñar estrategias para proteger a los pequeños agricultores y permitir que su actividad florezca, que además la producción sea sustentable, y todo ello acompañado de las importaciones hará que un país tenga esta Soberanía Alimentaria, que a su vez permitirá la consecución de la Seguridad Alimentaria y garantizar el derecho a una alimentación digna.