Para que un sistema alimentario sea sostenible, debe ser capaz de dar seguridad alimentaria en el presente sin comprometer las bases económicas, sociales y ambientales para que esa seguridad alimentaria siga siendo posible para generaciones futuras. Esto, de acuerdo a la ONG Alimenta ODS. Los referidos ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) tienen mucho que ver con la seguridad alimentaria. El segundo directamente dice “poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria, la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible”. Es decir, es un objetivo en sí mismo, que está descrito de forma explícita. Pero también está el tercero, que busca la promoción de la vida sana; y el sexto, que es el de garantizar la disponibilidad del agua, su gestión sostenible y el saneamiento de ella para todos. El ODS 14 se refiere a los océanos, es decir cómo se utilizan para que se pueda seguir pescando en ellos a futuro. El 15, la gestión sostenible de los bosques y prevenir la desertificación. En general, la mayoría de los ODS tienen que ver con reducir la desigualdad. Y se busca reducir la desigualdad para que, entre otras (pocas) cosas, se tenga qué comer.

Por un lado, el de la producción, se tiene que asumir un compromiso para que las prácticas que se hagan estén de acuerdos con los estándares de protección al medioambiente. Por el otro, el del consumo, hay que buscar reducir el desperdicio alimentario y adoptar prácticas de consumo que no pongan presión sobre la producción y —con esta presión— se caiga en la tentación de producir de forma desmedida e insostenible.

¿Qué se puede hacer para regenerar los suelos? Lo que se considere como desperdicio biológico (cáscaras de cambur, plátano, patilla, guanábana, naranjas, y cualquier comida que se nos ocurra) puede ser usado como abono para la agricultura. El compost, que se obtiene del proceso del compostaje, es un abono natural de alta calidad. Esto es un ejemplo del principio de una circularidad económica que debería establecerse para que lo que se usa y consume, de alguna forma vuelve a ser un insumo para la producción.

Con esto, no sólo se trata de generar un impacto positivo medioambiental y alimentario. También deberá haber un beneficio económico y social. Y esto es que al añadir un eslabón más a esa cadena de suministro (del consumo final a una etapa de procesamiento y transformación a insumo para la producción) tiene la capacidad de producir más empleo, o incluso ser una fuente de incentivos para que los consumidores finales efectivamente retornen el desperdicio para su transformación. Por ejemplo, se podría poner un costo económico para algo que sea considerado como costo para el medio ambiente. Es decir, al final de la cadena se puede poner ese costo, al hacer la compra. Si el consumidor devuelve lo que queda al final en forma de compost, o de otra forma de insumo para ser reutilizado en la producción, se le puede recompensar con un pago.

Si los actores de un sistema alimentario están optimizados y en sincronía, se podrá lograr que las fases del mismo sean más sostenibles y que luego hayan la mayor cantidad de impactos positivos para la sociedad.

Gustavo Franco