La historia gastronómica es básicamente la historia del reto de optimizar la comida. De hacerla que no se pudra, de disimular el olor y sabor a podredumbre, de que rindan más los alimentos e ingredientes, para que así la gente quiera comer y tenga más de qué comer.

El telón de fondo en el que aparecen nuevos métodos de cocinar, de formas de optimizar la comida, es el de dificultades económicas o de producción. Las papas cuando fueron traídas a Europa en 1560 no eran consideradas para ser consumidas por humanos. Sin embargo, los campesinos en tiempos de necesidad la consumían. Y como demostró ser un tubérculo de crecimiento y cosecha fácil, pasó a ser un alimento muy popular en Europa.

Desafortunadamente, a los venezolanos les toca aportar avances e innovaciones a la gastronomía. La escasez de alimentos y la pobreza generalizada que dificulta el acceso a estos alimentos significa que la preparación de la comida debe aprovechar al máximo lo que se tiene a su disposición.

Algunos consejos para comprar alimentos rendidores:

  • Carne o pollo molido, que se pueden rendir aún más con vegetales rayados o licuados, o al combinar con hígado o carne de soya.
  • Buscar cortes económicos de la carne, como lagarto con hueso, rabo y costilla. Son bastante útiles para la preparación de sopas.
  • Los granos son útiles y de contenido nutricional similares entre los distintos tipos que hay. Además, permiten preparaciones tradicionales, así como también preparaciones como croquetas y hamburguesas de granos.
  • La carne de soya rinde dos veces más que la carne tradicional, y es más barata.
  • Comprar lo necesario para que no se pudran los alimentos, o que se llegue a la fecha de su vencimiento.

Una vez se tienen los alimentos, también hay que entender qué se puede hacer para rendirlos más. Algunas buenas prácticas son:

  • Utilizar los tallos de determinadas verduras, como el brócoli y el céleri.
  • Los huesos del pollo y la carne de res pueden ser usados para hacer sopas y caldos.

La reutilización de la comida que se considera restos también es importante. Por ejemplo, los restos de carne cocinada puede ser usado para hacer sánduches, rellenos para empanadas, estofados, o para rellenar canelones u otros tipos de pastas. Las frutas maduras pueden usarse para hacer mermeladas, jaleas, compotas y cocteles (alcohólicos o no). Las hortalizas cocidas (entiéndase: calabaza, cebolla, ají, papa, batata, ajoporro, acelga, espinaca, etc…) que sobren pueden usarse para hacer puré, revoltillos o tortillas, y croquetas. Las verduras marchitas pueden usarse para hacer sopas. Las posibilidades las dá la creatividad y las ganas de averiguar qué se puede hacer, y qué en definitiva debe descartarse.

Lo que se descarte, hay que resaltar que puede ser reutilizado como abono a través del proceso del compostaje. En el compostaje se aglutinan residuos orgánicos, que al ser tapados mediante unas técnicas particulares, empiezan a convertirse en abono natural.

Por último, la guía de la Fundación Bengoa hay un calendario de cosechas de distintas frutas, verduras, hortalizas y tubérculos. Tenerlos en cuenta puede ayudar mucho a la hora de ahorrar, que también es una buena forma de rendir la comida.