Se viene hablando con frecuencia de escasez y de inseguridad alimentaria, dados los índices de pobreza crítica que amenazan al planeta. Sin embargo, poco se habla del desperdicio que se hace de los diferentes alimentos y víveres que de alguna manera mitigarían el hambre potencial que se observa. Existen además ciertas costumbres que disminuyen las posibilidades alimentarias de la población. Por ejemplo las enormes hojas que el brócoli y el coliflor presentan antes de ser vendidas. Por supuesto, a quienes no están acostumbrados a comer verde les parece que se les está mandando a comer monte. Eso se oye con frecuencia. Igual ocurre con el tallo de la remolacha y las hojas de las zanahorias. Un país que esta asolado por la hiperinflación, no se puede dar el lujo de despreciar esos nutrientes que de manera casi gratuita obsequia la naturaleza. Hay más posibilidades nutricionales en los diversos productos que se comen a diario y que pueden constituir una fuente importante de vitaminas, minerales y demás nutrientes y micronutrientres, necesarios para la vida.

     Hay que aprender y comprender por qué grandes países piensan tanto en la comida. En la República Popular China, por ejemplo, al ver uno los grandes banquetes se puede dar cuenta quien asiste a uno de esos homenajes en China que abundan platos exóticos y diferentes a los que se acostumbran en esas latitudes. Además existen los banquetes que son de más de 20 platos. Mientras más importante es el homenajeado mayor cantidad de platos preparan los cocineros, que presumen de tener la cocina más variada y rica del mundo, y tienen más de 9 diferentes escuelas culinarias.  Piense usted, lector, en los millones de bocas (más 1500 millones de personas, según su censo) que deben satisfacer los encargados de la comida, su producción y distribución. Hace unos años, periodistas y diplomáticos chinos comentaban la gran preocupación por la producción y la distribución de los alimentos que tenían los dirigentes en el gigante asiático. Pensaban en aquel entonces, que debía garantizarse al menos una vez al día un tazón de arroz, a cada individuo, sería acompañado con variedad de salsas y un vaso de té caliente. Ya cuando se piensa en un segundo plato, es porque hay un invitado y debe mostrarse generosidad y hospitalidad hacia los huéspedes.

Los tallos de los diferentes vegetales que se consuman pueden ser salvados par preparar caldos

Muchas personas se horrorizan de que allí se comen culebra, ratas, ratones, perros y gatos, además de muchos insectos como especie de aperitivo: cucarachas, grillos y alacranes entran en esta dieta, entre otros insectos. Según el parecer de los occidentales, se trata de algo asqueroso. Lo que ocurre es que nada se puede perder, mucho menos desperdiciar. Decho, usan un dicho: “Todo lo que hay en el cielo, menos los aviones, se come. Todo lo que hay en la tierra, menos los bancos, se come”. No se dice esto de manera figurada, sino literal. No se pretende que introduzcamos esos platillos en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, debe haber un proceso de reeducación alimentaria, el cual hay que transitar para tomar lo que obsequia la madre naturaleza. Hay que volver a aprender a comer, sin caer en las exageraciones descritas, para no desperdiciar y aprovechar lo que puede comerse sin riesgos.