La tradición culinaria es prácticamente la historia de cómo nos hemos adaptado a momentos de inseguridad alimentaria. Las salsas eran para tapar el olor a podredumbre que tenían las carnes o vegetales. Damos por sentado que a día de hoy eso no sería posible, porque tenemos refrigeradores que permiten almacenar la comida por períodos prolongados de tiempo. Sin embargo, no hay que olvidar que los europeos llegan a América por una obsesión de conseguir especias de India, lo cual ayudaría a conservar la comida.

Venezuela está inmersa en un proceso de profunda inseguridad alimentaria. El abandono y falta de estímulo de las actividades productivas relacionadas a la industria de la alimentación han afectado de manera negativa la disponibilidad de alimentos. Y en las ocasiones en las que hay la disponibilidad de esos alimentos, luego es cuestión de que son de difícil acceso. Es decir, que los salarios —muy bajos— no alcanzan para comprar unos productos cada vez más caros. Y qué decir de lo altamente inestable que son los servicios básicos —fundamentales para poder cocinar—. El suministro de agua, la luz y el gas no ofrece fiabilidad a la familia venezolana.

¿Qué quiere decir todo esto? Que lo más probable es que nos encontremos ante cambios en lo que elegimos comer (debido a la poca disponibilidad), en cómo lo consumimos para poder economizar la comida (debido al difícil acceso por los precios), y en las técnicas que usamos para asegurarnos de que los alimentos son comestibles y también poder aprovechar sus nutrientes (debido al muy poco fiable suministro de servicios básicos en los hogares venezolanos).

Los períodos históricos comienzan y terminan. Las dificultades no son eternas. Lo que sí puede quedar para la posteridad tras el perído histórico que viven Venezuela y sus ciudadanos es un patrimonio cultural distinto, una que sirva como especie de memoria histórica. Seguramente, con tantos venezolanos en situación de hambre y buscando todos los días formas creativas de evitarla, nuestra gastronomía será distinta.

Las cremas del tallo de brócoli y céleri, los caldos hechos a base de los restos de las comidas, platos hechos con carne de soya (rinde el doble), preparaciones cortes de carne más baratos como lagarto, rabo o costilla haremos bien en conservar y compartir para que formen parte del nuevo y actualizado patrimonio culinario de Venezuela.

Probablemente nuestra cocina se vuelva incluso más diferenciada de las cocinas de nuestra región, haciéndola un excelente recurso sobre el cual apalancar el futuro crecimiento del país.