La participación de la agricultura dentro de la economía de Venezuela es mucho menor que cualquier otro país latinoamericano. Y esto compromete la soberanía alimentaria no sólo a nivel de producción —y la disponibilidad— sino también los precios, al ser necesaria la exportación y con ello, la introducción de alimentos con el régimen de precios de otros países y mercados. Si el gobierno decide subsidiar esos alimentos, lo hace asumiendo una parte de los costos. Entonces, ya sea a nivel financiero o a nivel alimentario, hay una factura alta que corresponde al no tener una política para asegurar que la producción agrícola nacional sea fuente suficiente de alimentos para los venezolanos.

El sistema alimentario venezolano es una excelente oportunidad recuperar la soberanía alimentaria de nuestro país. Pero además, también representa la oportunidad única de diversificar la economía, aportar más empleo, y tener un mayor control sobre la inflación en el país —particularmente sobre un rubro tan importante como productos alimenticios—.

Tratándose de un insumo fundamental para la sobrevivencia del ser humano, la verdad es que la situación del descuido de la agricultura debe ser revertida. La principal actividad económica en Venezuela, aquellas relacionadas con el petróleo, pueden ser relativamente peligrosas si se ponen todas las esperanzas sobre esta actividad. Particularmente porque su uso principal, el de la energía, uno puede prever que disminuirá en la medida en que las energías renovables y limpias se hagan un hueco en los diferentes aparatos, dispositivos, vehículos y maquinaria. El uso del petróleo irá a menos. La comida, por otro lado, es algo con lo que uno siempre puede contar. Y hoy, no sólo se trata de producir alimentos. Se trata de hacerlo de forma sostenible. Efectivamente, se debe buscar que los venezolanos tenga qué comer hoy, mañana y siempre.

La cuestión de la sostenibilidad puede ser una gran noticia para los pequeños agricultores. Las grandes extensiones de terreno dedicadas al monocultivo (suele suceder con el trigo y el maíz) no son prácticas sostenibles en el tiempo porque degradan el suelo. Son los grandes agricultores quienes suelen encargarse de este tipo prácticas. Los pequeños agricultores suelen tener cultivos más variados, lo cual hace aporta diversidad de nutrientes al suelo.

Una economía de pequeños negocios o cooperativas (en este caso, los pequeños agricultores) que prosperan, es señal de una economía que trabaja para su gente y que funciona. Si el sistema alimentario tiene esa cualidad, pues entonces no puede caber duda de que será una base sólida para una Venezuela que progresa de manera sostenida en el tiempo.

La dimensión e importancia de la seguridad alimentaria, así como también de robustecer el sistema alimentario venezolano no debe ser subestimada. La Venezuela que se recupera plenamente seguramente tendrá como una de sus características principales el hecho de que habrá una política alimentaria coherente y de gran alcance.

Gustavo Franco