Para poder garantizar la disponibilidad y acceso a los alimentos, y lograr que la mayor porción de los ciudadanos consuma los nutrientes necesarios para la vida, hay que pensar también en cómo lograr que la producción y el transporte faciliten que la comida esté disponible para la población de un país sin importar que se hable de una población pequeña y rural o una ciudad grande y urbana.

Esta ubicuidad debe ayudar a que se den los principios de una buena dieta, es decir, variada y balanceada. Este concepto, que significa poder estar en todas partes al mismo tiempo, es muy importante para la seguridad alimentaria. Si hay ubicuidad, se entienda entonces que hay disponibilidad de los alimentos. Pero también podríamos entender que los precios bajarán en la medida en que se pueda garantizar que los alimentos se consigan en todo el territorio nacional.

La ubicuidad no se logrará con grandes cultivos dedicados a las cosechas intensivas y de un solo tipo de alimento. Se debe pensar que cada ciudad, cada pueblo, debe tener en sus alrededores la capacidad de producir alimentos. Dicho de otra forma, que los cultivos sean capaces de servir a las poblaciones más cercanas y fomentar las prácticas dietéticas de su gente.

 Esto, sin embargo, no es suficiente. Hay ciudades muy grandes, donde los cultivos aledaños no tienen la capacidad para satisfacer la demanda de esa ciudad. Para solucionar este problema es fundamental también tener una red de transporte de alta capilaridad, capaz de llegar a los lugares más remotos de un país, en este caso Venezuela. Y no sólo llevar la comida hasta los lugares remotos, sino también ser capaces de traer esos alimentos desde poblaciones remotas.

 Las otras consecuencias de seguir esta forma de alcanzar la ubicuidad de los alimentos son variadas. Se puede lograr parar las migraciones campo-ciudad, en primer lugar. También tendríamos economías rurales más independientes de los vicisitudes de los mercados globalizados, aún cuando se busque cierta conexión con éstos y ofrecer alguna fracción de lo producido a los mercados internacionales. Al fomentar la compra de productos alimentarios locales, se está ayudando por lo general a los pequeños agricultores. Ellos, por lo general, tienen prácticas agrícolas más sostenibles que las grandes extensiones de terreno dedicadas al monocultivo.

 Como se puede ver, el camino a un mundo con ubicuidad de alimentos es también un caminio que trae consigo posiblemente la sostenibilidad en la producción de alimentos, prosperidad y sostenibilidad económica, y el apoyo y alivio ante circunstancias adversas a sectores vulnerables de la población.