Un suelo con biodiversidad es un suelo que aporta más nutrientes a los alimentos que en él se cosechan. Con la irrupción de la industrialización y la globalización vino también las grandes extensiones de terrenos dedicadas al monocultivo —disminuyendo la biodiversidad, la salud de los suelos y el potencial nutritivo de los alimentos—. La sostenibilidad de los suelos es, a su vez, la sostenibilidad de los sistemas alimentarios.

Una dinámica mucho más amplia, que tiene entre sus muchas consecuencias la degradación de los suelos, es sobre la que uno debe reflexionar para así asegurar la sostenibilidad en la producción de alimentos. Pero también hay otros tipos de consecuencias negativas. Una es, por ejemplo, las migraciones del campo a la ciudad debido a la pérdida del empleo. Estas pérdidas del empleo por lo general son sufridas por pequeños agricultores, que son los que por lo general aportan diversidad en los cultivos.

Otra consecuencia de esta dinámica de los mercados globalizados es que se pierde la visión local de la agricultura y de la producción agropecuaria. Un zona de cultivo ya no debe servir exclusivamente a las comunidades aledañas, sino que deben integrarse a los mercados globales y a sus demandas voraces de alimentos. La consecuencia de esto es que las comunidades se vuelven más susceptibles a los acontecimientos económicos que ocurren en lugares remotos, y que de otra forma no tendrían incidencia.

 Particularmente preocupante es lo que sucede con las quemas de la selva del Amazonas, donde grandes extensiones son quemadas para poder cultivar soya. La soya producida, por supuesto, no es para el consumo interno. Es para ser exportada. Y lo peor de todo esto es que es un tipo de cultivo que degrada mucho el suelo debido a que extrae muchos nutrientes y no los repone. Pero es un cultivo muy rentable, ya que una tonelada de ella se vende por encima de los 400$.

Otra cosa que hacen de los grandes cultivos altamente insostenibles es el uso de insecticidas, que eliminan parte importante de los ecosistemas y que aportan nutrientes al suelo. No sólo se dañan los suelos, sino que progresivamente nuestros alimentos se vuelven menos nutritivos.

¿Cómo fomentar la regeneración de los suelos, o que no se sigan degradando?

 Los nutricionistas siempre nos han hablado de los beneficios para la salud de una dieta variada. Pues además de tener beneficios para salud, hoy hay que decir que es sumamente importante comer variado (sobre todo frutas y hortalizas) para dar premio a las dinámicas que se oponen a los monocultivos y las prácticas que atentan contra la sostenibilidad de nuestros suelos. En la medida de lo posible, comprar de agricultores locales.

 Por supuesto, hay que saber cuáles son los productos que por lo general son de monocultivo, y comprar menos de ellos. El trigo y el arroz, por ejemplo, son un caso de los monocultivos habituales. Al comprar menos de este tipo de productos se castiga la dinámica insostenible. Mientras compremos frutas y hortalizas variadas, estaremos premiando a la variedad.

 En la medida en que tengamos sistemas alimentarios que sean independientes de las variables globales (no será posible eliminar ciertas dependencias) y que las comunidades estén de alguna forma protegidas de presiones de mercados globales, habrán sistemas alimentarios sostenibles, que sean capaces de generar riqueza, y distribuirla.